Después de preparar una sopa, un guiso o un cocido, es fácil terminar con medio litro de caldo que no vas a utilizar enseguida. En lugar de dejarlo olvidado en el frigorífico, puedes congelarlo en pequeñas porciones, incluso en una cubitera, para disponer de cantidades listas para salsas, arroces y otros platos. La idea es sencilla, pero hay un detalle importante: el caldo debe enfriarse y refrigerarse con rapidez, no permanecer durante horas sobre la encimera antes de congelarlo.
Congela el caldo en pequeñas porciones
Los cubitos son especialmente prácticos cuando necesitas pequeñas cantidades para cocinar. Para volúmenes mayores, utiliza recipientes de 250 o 500 ml.
Necesitarás:
- 500 ml de caldo sobrante.
- Una cubitera limpia, preferiblemente de unos 25–30 ml por hueco.
- Un recipiente hermético o bolsa apta para congelador.
- Una jarra.
- Una etiqueta.
Pasos:
- Una vez terminada la comida, no dejes el caldo a temperatura ambiente durante más de 2 horas; si el ambiente supera aproximadamente los 32 °C, reduce ese margen a 1 hora. Para enfriarlo más deprisa, divídelo en recipientes poco profundos.
- Refrigera el caldo y, cuando esté frío, retira si quieres la grasa solidificada de la superficie con una cuchara.
- Reparte aproximadamente 25–30 ml por hueco de la cubitera, dejando unos milímetros libres hasta el borde.
- Congela durante 4–6 horas, o hasta que las porciones estén completamente sólidas.
- Desmolda los cubitos, pásalos a un recipiente hermético, etiqueta con el tipo de caldo y la fecha y vuelve a introducirlos inmediatamente en el congelador.
Para obtener una buena calidad, intenta utilizar el caldo congelado dentro de aproximadamente 2–3 meses.
Sabrás que el sistema funciona cuando puedas sacar una o dos porciones sin tener que descongelar medio litro entero.
Usa los cubitos directamente al cocinar
Conocer aproximadamente el volumen de cada cubito facilita mucho las recetas. Si cada hueco contiene 25 ml, cuatro cubitos equivalen a unos 100 ml de caldo.
Para una salsa que necesita algo más de líquido, añade 1 o 2 cubitos directamente a la sartén y calienta hasta que se fundan por completo. Para un arroz, guiso o sopa puedes incorporar una cantidad mayor directamente a la cazuela durante la cocción.
Si necesitas descongelar bastante caldo antes de utilizarlo, hazlo en el frigorífico o mediante un método seguro como el microondas, seguido de su uso inmediato.
Cuando recalientes caldo para consumirlo como tal, llévalo a una temperatura segura y uniforme; una referencia doméstica habitual para sobras recalentadas es 74 °C.
Congela también porciones grandes para sopas y arroces
La cubitera no es la mejor solución si normalmente utilizas 500 ml de una vez.
Divide el caldo frío en recipientes de 250 o 500 ml. No los llenes hasta arriba: deja aproximadamente 2–3 cm de espacio en recipientes rígidos adecuados, porque el líquido se expande al congelarse.
Comprueba que el recipiente sea apto para congelador y ciérralo correctamente.
Puedes incluso preparar distintos tamaños: cubitos de 25 ml para salsas y recipientes de 250 ml para arroces o sopas. Etiquetarlos evita tener que adivinar después si has congelado caldo de verduras, pollo o carne.
Si utilizas tarros de vidrio, asegúrate de que sean específicamente aptos para congelación y respeta el espacio de expansión indicado por el fabricante.
Ten cuidado con la sal al reducir el caldo
Un caldo congelado conserva la sal que ya contenía. Si después lo utilizas para una salsa y reduces mucho el líquido, el sabor salado se concentrará.
Por ejemplo, si añades 100 ml de caldo a una sartén y lo reduces hasta unos 50 ml, prueba el resultado antes de incorporar más sal.
Esta precaución resulta especialmente importante con caldos comerciales o caseros muy concentrados.
Congelar tampoco corrige un caldo que ya estaba excesivamente salado. En ese caso, úsalo en pequeñas cantidades y completa la receta con agua u otros ingredientes sin sal cuando sea apropiado.
Errores que debes evitar
Dejar la olla enfriándose durante muchas horas. Las sobras deben refrigerarse con rapidez. Como regla práctica, no superes 2 horas a temperatura ambiente, o 1 hora con calor intenso.
Llenar los recipientes hasta el borde. El caldo aumenta de volumen al congelarse y necesita espacio para expandirse.
Mantener los cubitos descubiertos durante semanas. Después de 4–6 horas, pásalos a un recipiente hermético para protegerlos de olores y deshidratación.
Congelar un caldo que ya presenta olor o aspecto anormal. El congelador no hace seguro un alimento deteriorado.
Añadir sal automáticamente al reutilizarlo. Prueba primero, especialmente si vas a reducir el líquido.
Para ir un poco más allá
Anota en la etiqueta “25 ml por cubito”. Así podrás calcular cantidades sin volver a medir.
Congela por separado caldos de verduras, pollo, carne o pescado para poder elegir el que mejor combine con cada preparación.
Si sabes que vas a utilizar el caldo en los próximos días, puedes mantenerlo refrigerado en lugar de congelarlo, siguiendo las recomendaciones de conservación de las sobras y consumiéndolo pronto.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto caldo pongo en cada hueco?
Depende de la cubitera. Una medida muy práctica es 25–30 ml por cubito. Mide un hueco la primera vez para conocer exactamente su capacidad.
¿Puedo poner el caldo caliente directamente en el congelador?
Es mejor dividir las cantidades grandes en recipientes poco profundos y favorecer un enfriamiento rápido antes de congelarlas, evitando además calentar innecesariamente el interior del congelador.
¿Tengo que descongelar los cubitos antes de cocinar?
No. En salsas, sopas y guisos calientes puedes incorporar directamente una o varias porciones y calentarlas completamente durante la preparación.
¿Puedo congelar cualquier caldo sobrante?
Sí, muchos caldos se congelan bien si han sido manipulados y refrigerados correctamente. Si han permanecido demasiado tiempo a temperatura ambiente o presentan signos de deterioro, lo adecuado es desecharlos, no congelarlos.