Con el calor, las sandalias están en contacto directo con el sudor, el polvo y la suciedad del suelo. Después de utilizarlas durante semanas, la plantilla puede oscurecerse y empezar a desprender un olor desagradable.
Por suerte, una limpieza suave y un buen secado suelen ser suficientes para recuperar gran parte de su aspecto y frescura. El método adecuado depende del material, así que antes de mojarlas conviene comprobar si son de goma, tela, cuero, corcho u otro material delicado.
El primer paso: elimina toda la suciedad seca
Antes de utilizar agua, sacude bien las sandalias en el exterior.
Con un cepillo de cerdas suaves, elimina arena, polvo, barro seco y restos acumulados en la suela y las correas.
Presta especial atención a las ranuras de la plantilla.
Si mojas directamente una sandalia cubierta de polvo, puedes convertir esa suciedad en una pasta mucho más difícil de retirar.
Para sandalias de goma o plástico
Son normalmente las más sencillas de limpiar.
Prepara un recipiente con agua templada y unas gotas de lavavajillas suave.
Humedece una esponja o cepillo y frota la plantilla, las tiras y la suela.
En las zonas con suciedad incrustada, deja actuar la espuma durante unos minutos antes de volver a cepillar.
Aclara con agua limpia y elimina el exceso de humedad con una toalla.
El sencillo método contra el mal olor
El olor aparece principalmente por la combinación de sudor y microorganismos que permanecen sobre la superficie.
Después de limpiar las sandalias, déjalas secar completamente en un lugar bien ventilado.
Si el material es compatible y todavía existe olor, espolvorea una capa ligera de bicarbonato de sodio sobre la plantilla completamente seca.
Déjalo actuar durante varias horas o durante la noche.
Después sacude y cepilla cuidadosamente hasta retirar todo el polvo.
El bicarbonato puede ayudar a absorber olores, pero no sustituye la limpieza cuando existe suciedad acumulada.
No mezcles bicarbonato y vinagre pensando que limpiarán el doble
Es uno de los trucos domésticos más populares, pero la espectacular espuma no significa necesariamente que la mezcla sea más eficaz.
El bicarbonato es alcalino y el vinagre es ácido. Cuando se combinan, reaccionan y van neutralizándose.
Para las sandalias, normalmente basta con agua y detergente para limpiar y bicarbonato seco por separado para tratar olores, siempre que el material lo tolere.
Para plantillas muy sucias
Mezcla unas gotas de jabón suave con una pequeña cantidad de agua templada.
Humedece un cepillo de dientes viejo o un cepillo pequeño de cerdas suaves y trabaja por secciones.
No empapes innecesariamente toda la sandalia.
Retira la espuma con una microfibra ligeramente húmeda y repite hasta que el paño salga limpio.
Este procedimiento resulta especialmente práctico cuando la plantilla no puede sumergirse.
Mucho cuidado con las sandalias de cuero
El cuero requiere un tratamiento diferente.
No lo sumerjas en un cubo de agua.
Retira primero el polvo y después utiliza un producto específicamente indicado para el tipo de cuero siguiendo las instrucciones del fabricante.
Aplica poca cantidad y trabaja con un paño suave.
Después deja secar las sandalias de forma natural.
Si corresponde, aplica posteriormente un acondicionador compatible para evitar que el cuero se reseque.
¿Y las sandalias con plantilla de corcho?
Tampoco conviene empaparlas.
El corcho y determinados adhesivos pueden deteriorarse con una exposición excesiva al agua.
Utiliza un paño o cepillo apenas húmedo con una pequeña cantidad de jabón suave y trabaja únicamente sobre las zonas necesarias.
Retira los residuos y deja secar completamente.
Si la sandalia tiene una plantilla especial, sigue prioritariamente las instrucciones de limpieza del fabricante.
Para sandalias de tela
Comprueba primero la etiqueta.
Si son lavables, puedes trabajar las manchas con agua y una pequeña cantidad de detergente.
Utiliza un cepillo suave y evita deformar las correas.
No introduzcas automáticamente las sandalias en la lavadora. El movimiento, el agua caliente y el centrifugado pueden afectar a adhesivos, plantillas y elementos decorativos.
Hazlo únicamente cuando el fabricante indique que pueden lavarse a máquina.
No olvides limpiar la suela
La parte inferior puede acumular barro, pequeñas piedras y residuos.
Utiliza un cepillo algo más firme exclusivamente para la suela.
Retira las piedras atrapadas en las ranuras con cuidado.
Si utilizas el mismo cepillo para la plantilla donde apoyas los pies, lávalo muy bien antes de cambiar de zona.
Una opción más higiénica es reservar un cepillo exclusivamente para las suelas.
El secado es fundamental para eliminar el olor
Guardar unas sandalias todavía húmedas puede hacer que el problema vuelva rápidamente.
Después de limpiarlas, colócalas en un lugar seco y bien ventilado.
Evita fuentes intensas de calor como secadores, radiadores o superficies muy calientes, especialmente con cuero, corcho o piezas pegadas.
El calor puede deformar materiales y debilitar adhesivos.
Ten paciencia y deja que se sequen completamente antes de volver a utilizarlas.
Cuidado también con el sol intenso
Dejar las sandalias varias horas bajo un sol muy fuerte no siempre es una buena idea.
Algunos plásticos pueden deformarse y ciertos colores, cueros y adhesivos pueden deteriorarse.
Un lugar ventilado y protegido del calor extremo suele ser una opción más segura.
Cómo evitar que vuelva el mal olor
No necesitas esperar hasta que el olor sea intenso.
Después de utilizarlas, déjalas airearse antes de guardarlas en un armario cerrado.
Si has sudado mucho, limpia periódicamente la superficie que está en contacto con los pies.
Alternar entre dos pares también permite que cada uno se seque completamente entre usos.
Y si las sandalias se mojan, no las guardes hasta que estén secas.
¿Se puede utilizar alcohol?
No como solución universal.
El alcohol puede afectar determinados adhesivos, revestimientos, tintes y materiales sintéticos.
Lo mismo ocurre con lejía y desinfectantes fuertes.
Antes de utilizar cualquier producto diferente de agua y jabón suave, comprueba las recomendaciones del fabricante y prueba en una pequeña zona poco visible.
Errores a evitar
- Sumergir sandalias de cuero o corcho.
- Utilizar lejía para eliminar el olor.
- Frotar materiales delicados con un estropajo abrasivo.
- Mezclar diferentes productos de limpieza.
- Meterlas en la lavadora sin comprobar la etiqueta.
- Secarlas directamente sobre un radiador.
- Guardarlas cuando todavía están húmedas.
- Utilizar mucho perfume para ocultar el olor sin limpiarlas.
Para ir más allá
Haz una pequeña rutina al final de la semana.
Cepilla las suelas, limpia la superficie que está en contacto con los pies y deja las sandalias ventilándose durante toda la noche.
Si un par compatible conserva algo de olor, aplica bicarbonato únicamente cuando esté completamente seco, déjalo actuar durante varias horas y retíralo cuidadosamente al día siguiente.
Esta limpieza periódica evita que sudor y suciedad se acumulen durante meses y resulta mucho más sencilla que intentar recuperar unas sandalias extremadamente deterioradas al final del verano.
Preguntas frecuentes
¿Cómo quitar rápidamente el mal olor de las sandalias?
Primero límpialas y déjalas secar completamente. En materiales compatibles, puedes aplicar después una pequeña cantidad de bicarbonato seco durante varias horas y retirarlo bien.
¿Puedo lavar las sandalias con agua y jabón?
Sí, en muchos modelos de goma y plástico. En cuero, corcho y otros materiales delicados debes utilizar mucha menos humedad y seguir las recomendaciones del fabricante.
¿Puedo meterlas en la lavadora?
Solo si el fabricante indica expresamente que son aptas. Algunas sandalias pueden deformarse o perder adhesivos durante el lavado.
¿Cómo limpio unas sandalias de cuero?
Evita sumergirlas. Retira el polvo y utiliza un limpiador específico para el tipo de cuero, seguido de un acondicionador cuando corresponda.
¿Por qué vuelven a oler después de limpiarlas?
Con frecuencia se debe a que permanecen húmedas o no llegan a secarse completamente entre usos. Una buena ventilación y alternar el calzado pueden ayudar a evitarlo.