Quien tiene gallinas y huerto conoce perfectamente la escena.
Abres el gallinero, las aves salen felices y, pocos minutos después, una de ellas descubre la tierra recién removida alrededor de las lechugas. Empieza a escarbar. Otra la imita. Cuando vuelves, algunas plantas están desenterradas, el acolchado aparece repartido por todas partes y las pequeñas plántulas parecen haber sobrevivido a una tormenta.
Las gallinas pueden ser excelentes compañeras del huerto: buscan insectos, remueven materiales orgánicos y producen estiércol que, correctamente compostado, puede aprovecharse posteriormente.
El problema aparece cuando tienen acceso libre a cultivos jóvenes y suelo recién trabajado.
La solución no consiste necesariamente en mantenerlas encerradas permanentemente. Una estrategia mucho más práctica es separar físicamente las zonas sensibles mediante túneles o jaulas ligeras de malla colocados sobre los bancales.
Las gallinas continúan recorriendo determinados espacios, pero las plantas quedan fuera del alcance de sus patas y picos.
¿Por qué las gallinas destrozan un bancal tan rápidamente?
No lo hacen porque tengan algo contra tus tomates.
Escarbar forma parte de su comportamiento natural.
Una gallina puede rascar la superficie buscando insectos, semillas y pequeños organismos. También puede abrir un hueco para darse un baño de tierra.
Y precisamente la tierra del huerto suele resultar irresistible.
Está suelta, contiene materia orgánica y normalmente conserva cierta humedad.
Es decir, has preparado casi exactamente el tipo de suelo que una gallina disfruta removiendo.
Una sola ave puede desplazar una sorprendente cantidad de sustrato en pocos minutos.
Para una planta adulta y bien establecida quizá no sea un desastre. Para una lechuga recién trasplantada puede significar el final.
La idea: proteger la planta, no perseguir a la gallina
Intentar enseñar a varias gallinas que pueden caminar por el jardín pero que no deben tocar determinados bancales suele ser poco práctico.
Las barreras físicas son mucho más fiables.
Una de las soluciones más sencillas consiste en construir una estructura ligera sobre el bancal utilizando arcos y cubrirla con una malla apropiada.
El resultado es una especie de túnel protector.
Las plantas reciben luz, aire y agua, mientras las gallinas permanecen fuera.
En lugar de intentar cambiar el comportamiento natural del animal, modificas el acceso al cultivo.
Cómo construir un túnel protector
La estructura puede ser sorprendentemente sencilla.
Sobre un bancal rectangular pueden instalarse varios arcos suficientemente resistentes y colocar encima una malla adecuada.
La malla debe quedar bien sujeta en los laterales.
No basta con dejarla apoyada sobre las plantas.
Una gallina curiosa puede empujarla, meterse por debajo o deformarla mientras intenta alcanzar el suelo.
La estructura tiene que soportar pequeños golpes y permitirte abrirla fácilmente cuando necesites trabajar.
Elige la malla según el problema
Si solamente quieres impedir que entren gallinas, necesitas una barrera suficientemente resistente y con aberturas que no permitan que las aves introduzcan fácilmente la cabeza donde puedan quedar atrapadas o alcanzar las plantas.
Si además tienes problemas con otras aves o determinados animales, puede necesitarse una malla diferente.
No existe un material perfecto para todas las situaciones.
Lo importante es que sea apropiado para animales, resistente a la intemperie y suficientemente seguro para no generar bordes cortantes o puntos donde una gallina pueda lesionarse.
Evita dejar alambres sobresalientes.
Hazla desmontable
Este detalle cambia completamente la experiencia.
Si tienes que desmontar diez amarres cada vez que quieres recoger una lechuga, pronto dejarás de utilizar el sistema.
Una estructura práctica debería poder levantarse, abrirse o retirarse parcialmente.
Puedes diseñar uno de los laterales como acceso o construir todo el túnel como una pieza ligera que pueda elevarse.
La protección debe funcionar para las gallinas, pero también para ti.
Si resulta incómodo acceder al cultivo, el diseño necesita mejorar.
No apoyes la malla directamente sobre las plantas
Las plántulas crecen.
Una protección que parece enorme el día del trasplante puede quedarse pequeña unas semanas después.
Deja espacio suficiente entre el follaje y la malla.
Esto evita que las hojas queden presionadas y reduce la posibilidad de que las gallinas puedan picotearlas desde el exterior.
También mejora la circulación de aire.
Para cultivos bajos como algunas lechugas, rábanos o plantones jóvenes, un túnel relativamente bajo puede ser suficiente.
Para coles, tomates u otras plantas de mayor tamaño tendrás que adaptar la estructura.
Otra opción: una jaula alrededor del bancal
No siempre necesitas cubrirlo por arriba.
Cuando el único problema son gallinas y la altura del cultivo lo permite, puede construirse una barrera perimetral alrededor del bancal.
Esto resulta especialmente útil para plantas altas.
Sin embargo, recuerda que algunas gallinas pueden saltar o volar distancias cortas considerablemente mejor de lo que imaginamos.
Una barrera demasiado baja puede convertirse simplemente en un pequeño obstáculo antes de entrar.
La altura necesaria dependerá de las aves y de la configuración del lugar.
¿Por qué no poner simplemente una valla alrededor de todo el huerto?
También es una excelente solución.
Si tienes un huerto claramente delimitado, una valla perimetral puede ser más cómoda que proteger individualmente cada bancal.
El sistema de túneles resulta especialmente interesante cuando quieres permitir a las gallinas utilizar parte del espacio o cuando solamente algunos cultivos necesitan protección.
Incluso puedes combinar ambos métodos.
La clave es decidir dónde quieres realmente que puedan entrar las gallinas.
Las plantas jóvenes son las más vulnerables
Una mata grande y bien enraizada puede soportar cierto contacto.
Una plántula recién trasplantada no.
Por eso no siempre necesitarás mantener la misma protección durante toda la temporada.
Puedes utilizar las estructuras principalmente durante germinación y establecimiento y modificar el sistema conforme las plantas crezcan.
Pero no asumas que una planta adulta está automáticamente a salvo.
Las gallinas también pueden comer hojas, frutos y verduras que les resulten atractivos.
Observa su comportamiento antes de retirar definitivamente las barreras.
Protege especialmente los semilleros
Un bancal recién sembrado puede parecer vacío.
Para una gallina, sin embargo, es una magnífica superficie de tierra suelta donde escarbar.
En pocos minutos puede desplazar semillas, modificar la profundidad de siembra y crear agujeros.
Por eso las protecciones deberían instalarse inmediatamente después de sembrar, no después de observar los primeros daños.
Esperar hasta que germinen las plantas puede ser demasiado tarde.
El acolchado tampoco está a salvo
Paja, hojas y otros materiales utilizados como acolchado pueden resultar muy interesantes para las gallinas.
Buscan debajo de ellos y los desplazan hacia los caminos.
Si cada mañana tienes que volver a colocar el acolchado dentro del bancal, la solución probablemente no sea añadir más.
Necesitas controlar el acceso.
Una barrera sencilla puede ahorrarte muchísimo mantenimiento.
Convierte el problema en una ventaja
Aquí aparece la parte más interesante.
Las gallinas no tienen por qué estar permanentemente excluidas del huerto.
Puedes permitirles entrar en momentos estratégicos.
Después de terminar un cultivo y antes de volver a plantar, determinadas parcelas pueden abrirse temporalmente para que las aves exploren.
Pueden consumir algunos insectos y restos vegetales mientras remueven superficialmente el terreno.
Después vuelves a cerrar la zona antes de sembrar.
Así pasas de un sistema de “gallinas prohibidas” a otro de acceso controlado.
Gallinas dentro, gallinas fuera
Puedes imaginar el huerto dividido en dos estados.
Cuando un bancal contiene semillas, plántulas o cultivos que quieres proteger, permanece cerrado.
Cuando termina la cosecha y resulta apropiado permitir el acceso, puede abrirse durante un periodo controlado.
Posteriormente retiras residuos problemáticos, preparas nuevamente la zona y vuelves a protegerla antes de plantar.
Es una forma sencilla de integrar animales y huerto sin esperar que ambos ocupen exactamente el mismo espacio al mismo tiempo.
Cuidado con el estiércol fresco
Que las gallinas produzcan estiércol no significa que debas plantar inmediatamente alimentos en una gran acumulación de excrementos frescos.
El estiércol avícola es rico en nutrientes y normalmente se aprovecha mejor después de un proceso apropiado de compostaje o siguiendo prácticas agrícolas seguras.
Además, las heces animales pueden contener microorganismos capaces de contaminar alimentos.
Esto resulta especialmente importante en cultivos que se comen crudos y cuyas partes comestibles están cerca del suelo.
Por eso, permitir que las gallinas entren en el huerto debe formar parte de una estrategia de manejo, no simplemente de abrir la puerta cuando quieras.
No permitas que entren en cualquier momento
Si las lechugas están listas para cosechar, no es el momento ideal para dejar a las gallinas caminar entre ellas.
Además del daño físico, existe una cuestión de higiene.
Mantén a las aves alejadas de las zonas con cultivos listos para consumo, especialmente productos que se comerán crudos.
Organiza el acceso teniendo en cuenta tanto la salud de las plantas como la seguridad alimentaria.
¿Y si las gallinas comen insectos perjudiciales?
Pueden hacerlo.
Las gallinas son omnívoras y consumen diversos insectos y pequeños organismos.
Pero no distinguen entre “insecto malo para mis tomates” e “insecto que quiero conservar”.
Tampoco trabajan con la precisión de una herramienta de control biológico.
Mientras buscan alimento pueden comerse organismos útiles y destruir plantas.
Por eso conviene considerar el consumo de algunas plagas como un posible beneficio adicional, no como una razón para darles acceso ilimitado a todos los cultivos.
Una solución todavía más ingeniosa: corredores para gallinas
Si tienes suficiente espacio, existe otra posibilidad.
Puedes construir corredores vallados que permitan a las gallinas desplazarse por zonas concretas alrededor del huerto sin entrar directamente en los bancales.
Este concepto suele conocerse informalmente como un “chicken tunnel” o túnel para gallinas.
En lugar de poner la malla sobre las plantas, creas un pasillo de malla para las aves.
Así pueden recorrer el perímetro de determinados cultivos mientras permanecen físicamente separadas.
Es una solución especialmente interesante para huertos permanentes donde gallinas y cultivos deben convivir durante buena parte del año.
Protege también a las gallinas
Cualquier sistema de malla debe diseñarse pensando en ambos lados.
No dejes extremos metálicos expuestos.
Comprueba que ninguna abertura pueda atrapar patas o cabezas.
Mantén las estructuras estables.
Y si utilizas una malla como parte de la protección frente a depredadores, recuerda que una barrera adecuada para mantener gallinas fuera de unas lechugas no necesariamente es suficiente para mantener depredadores fuera del gallinero.
Son funciones distintas y pueden necesitar materiales diferentes.
La ventaja de los módulos
En lugar de construir una enorme estructura permanente, puedes crear varias protecciones pequeñas adaptadas al tamaño de tus bancales.
Cuando terminas con un cultivo, mueves el módulo a otro.
Esto permite proteger únicamente aquello que lo necesita.
También puedes utilizar la misma estructura para sujetar otros materiales apropiados en determinadas épocas, como mallas destinadas a excluir algunas plagas o proporcionar sombreo, siempre que el material sea adecuado y exista suficiente ventilación.
Un buen diseño puede tener más de una función durante el año.
La rutina que hace funcionar el sistema
El principio puede resumirse fácilmente: siembra o trasplanta, instala inmediatamente la protección, revisa que no queden accesos, deja crecer las plantas y permite la entrada de las gallinas solamente cuando el estado del bancal lo haga apropiado.
No esperes a descubrir una lechuga desenterrada.
La protección preventiva requiere mucho menos esfuerzo que reparar continuamente los daños.
Para ir más allá
Observa mañana dónde van tus gallinas cuando las dejas salir.
Probablemente descubrirás que tienen rutas y lugares favoritos.
Si uno de esos lugares coincide con tu huerto, no necesitas pasar el verano persiguiéndolas.
Decide qué quieres proteger.
En bancales pequeños, instala arcos con una malla ligera y segura. En cultivos altos, utiliza una barrera perimetral. Si quieres excluirlas completamente, valla la zona de cultivo. Y si dispones de espacio, incluso puedes crear corredores específicos para que exploren determinadas áreas sin tocar las plantas.
Después utiliza el tiempo como una herramienta.
Cultivo establecido y sensible: gallinas fuera. Bancal vacío y momento apropiado para permitir su exploración: acceso controlado. Nueva siembra: protección otra vez.
De esta manera, las gallinas dejan de ser visitantes impredecibles que pueden destruir un bancal en minutos y pasan a formar parte de un sistema organizado.
Porque el verdadero truco no consiste en conseguir que una gallina mire una hilera de lechugas y decida respetarla.
Consiste en algo mucho más fiable: diseñar el huerto para que gallinas y plantas puedan compartir el mismo espacio sin tener que ocuparlo al mismo tiempo.