Perejil, romero, tomillo o salvia pueden marchitarse antes de que termines el manojo. Si sueles utilizarlos en guisos, sofritos o salsas calientes, puedes picarlos, cubrir pequeñas porciones con aceite de oliva y congelarlas en una cubitera. Así tendrás dosis listas para cocinar y reducirás desperdicios. La clave es tratarlas como un ingrediente congelado: utilizar hierbas limpias y bien secas, mantenerlas en el congelador y llevar cada porción directamente a la preparación, en lugar de conservar mezclas de hierbas y aceite durante días a temperatura ambiente.
Prepara cubitos de hierbas y aceite de oliva
Este sistema funciona especialmente bien con hierbas aromáticas destinadas a cocinar. Romero, tomillo, salvia, orégano fresco y perejil son buenas opciones.
Necesitarás:
- 30 g de hierbas frescas.
- 100–120 ml de aceite de oliva, aproximadamente.
- Una cubitera limpia de 8–10 huecos.
- Un cuchillo y una tabla limpios.
- Papel de cocina o centrifugadora de verduras.
- Un recipiente apto para congelador.
Pasos:
- Retira hojas deterioradas. Lava las hierbas bajo agua corriente y escúrrelas bien.
- Sécalas cuidadosamente con papel de cocina o centrifugadora y déjalas extendidas otros 10–15 minutos. Conviene eliminar tanta humedad superficial como sea posible.
- Pica los 30 g de hierbas durante aproximadamente 1 minuto y reparte unos 3–4 g por hueco.
- Añade aproximadamente 10–15 ml de aceite de oliva en cada hueco, lo suficiente para rodear las hierbas sin llenar la cubitera hasta el borde.
- Congela durante 6–8 horas, hasta que las porciones estén firmes. Desmóldalas, pásalas a un recipiente cerrado, etiqueta con el contenido y la fecha y vuelve a congelarlas inmediatamente.
Para mantener una buena calidad, intenta utilizarlas dentro de 2–3 meses.
Llévalas directamente del congelador a la sartén o al guiso
La gran ventaja de estas porciones es que normalmente no necesitas descongelarlas.
Para un sofrito o un guiso de varias raciones, empieza con 1 cubito de unos 10–15 ml de aceite y 3–4 g de hierbas. Colócalo en una sartén o cazuela y deja que se funda a temperatura moderada antes de continuar con la receta.
También puedes añadirlo directamente a sopas y estofados calientes.
Ten en cuenta el aceite del cubito al calcular la grasa total del plato. Si normalmente utilizarías una cucharada de aceite —15 ml— para comenzar un sofrito, un cubito de ese tamaño puede sustituir aproximadamente esa cantidad.
Evita echar un cubito húmedo o cubierto de hielo sobre aceite muy caliente, porque el agua puede provocar salpicaduras.
Para ensaladas, es mejor conservar las hierbas de otra manera
La congelación altera la estructura de las hojas. Cuando se descongelan, suelen quedar más blandas y oscuras que las hierbas recién cortadas.
Por eso este método es mucho más apropiado para preparaciones cocinadas que para decorar una ensalada, terminar un plato con albahaca fresca o preparar recetas donde la textura de la hoja sea importante.
Si quieres conservar perejil o cilantro para utilizarlos frescos durante los próximos días, mantenlos refrigerados siguiendo un método apropiado para esa hierba y revisa diariamente su estado.
Tampoco esperes que el congelador mejore unas hierbas que ya están viscosas, mohosas o deterioradas. Selecciona únicamente hojas en buenas condiciones antes de preparar los cubitos.
Mantén la mezcla congelada hasta el momento de usarla
Las mezclas de hierbas frescas en aceite no deben tratarse como una conserva estable a temperatura ambiente. El aceite crea un ambiente con poco oxígeno y algunas preparaciones caseras pueden presentar riesgos microbiológicos si se almacenan incorrectamente.
Por eso, una vez preparados los cubitos, mantenlos congelados y extrae únicamente la cantidad que vayas a cocinar.
No prepares un tarro grande de hierbas frescas cubiertas de aceite para dejarlo semanas en la despensa. Tampoco descongeles varios cubitos para conservarlos después durante días.
Si quieres un aceite aromatizado para almacenamiento, utiliza un procedimiento de seguridad alimentaria específicamente validado en lugar de improvisar tiempos y temperaturas.
Errores que debes evitar
Guardar hierbas frescas en aceite a temperatura ambiente. No es un método doméstico seguro de conservación prolongada. Para este truco, la mezcla debe permanecer congelada.
Congelar las hierbas empapadas de agua. Sécalas bien y espera 10–15 minutos después del lavado para reducir cristales de hielo y salpicaduras posteriores.
Llenar completamente la cubitera. Deja unos milímetros hasta el borde para manipularla sin derrames.
Esperar hojas crujientes después de descongelarlas. La congelación cambia su textura. Reserva estos cubitos principalmente para platos cocinados.
Dejar los cubitos meses en una cubitera abierta. Una vez congelados, pásalos a un recipiente hermético para protegerlos de olores y deshidratación.
Para ir un poco más allá
Prepara combinaciones destinadas a recetas concretas: por ejemplo, 20 g de perejil y 10 g de tomillo repartidos entre varios cubitos.
Etiqueta cada recipiente con las hierbas y la fecha. Una vez congeladas y picadas, algunas mezclas son difíciles de reconocer visualmente.
También puedes congelar hierbas picadas sin aceite cuando quieras controlar por separado la cantidad de grasa de cada receta.
Preguntas frecuentes
¿Qué cantidad de aceite pongo en cada cubito?
Como orientación, utiliza 10–15 ml de aceite de oliva y unos 3–4 g de hierbas picadas por hueco, ajustándolo al tamaño de tu cubitera.
¿Tengo que descongelarlos antes de cocinar?
Normalmente no. Puedes llevar una porción directamente a una sartén a temperatura moderada, una salsa o un guiso caliente. Evita añadir cubitos con hielo superficial a aceite muy caliente.
¿Puedo hacerlo con albahaca?
Sí, si después vas a utilizarla en preparaciones donde la textura no sea importante. La congelación ablanda las hojas, por lo que no sustituirá a la albahaca fresca para decorar.
¿Puedo guardar un frasco de hierbas cubiertas de aceite en la despensa?
No es recomendable improvisar una conserva de este tipo. Para este método casero, prepara pequeñas porciones y mantenlas congeladas hasta el momento de utilizarlas.