Después de cocer pasta, verduras, huevos o legumbres, lo habitual es llevar la olla directamente al fregadero. Sin embargo, parte de esa agua puede tener una segunda utilidad. Desde mejorar la textura de una salsa hasta aprovecharla para determinadas tareas domésticas, reutilizarla puede ahorrar agua y reducir desperdicios. Eso sí: no toda el agua de cocción sirve para todo, y conviene distinguir cuándo merece la pena conservarla y cuándo es mejor desecharla.
Guarda un vaso del agua de cocer la pasta
Este es probablemente el aprovechamiento más útil.
Antes de escurrir la pasta, reserva aproximadamente 150-250 ml del agua de cocción.
El líquido contiene almidón liberado por la pasta. Añadir unas cucharadas a la salsa mientras mezclas puede ayudar a que esta se integre mejor y adquiera una textura más uniforme.
Empieza añadiendo 30-60 ml, mezcla durante unos 30 segundos y añade un poco más únicamente si hace falta.
Ten en cuenta que el agua puede contener bastante sal. Prueba la salsa antes de añadir sal adicional.
No necesitas conservarla durante horas: lo ideal es utilizarla inmediatamente mientras terminas el plato.
El agua de las verduras puede convertirse en parte de otra receta
Si has hervido zanahorias, puerros, patatas u otras verduras sin añadir demasiada sal, parte del agua puede aprovecharse como líquido para cocinar.
Puedes incorporarla a:
- Sopas.
- Cremas de verduras.
- Arroces.
- Guisos.
- Salsas.
Cuela primero cualquier resto sólido.
Utilízala inmediatamente o enfríala rápidamente y consérvala refrigerada en un recipiente limpio y cerrado, tratándola como cualquier otro alimento cocinado.
Si presenta olor extraño, aspecto inusual o ha permanecido demasiado tiempo a temperatura ambiente, deséchala.
El líquido de las legumbres también puede tener utilidad
El agua donde se han cocinado determinadas legumbres puede espesarse gracias al almidón y otros compuestos liberados durante la cocción.
En algunas recetas puede incorporarse a sopas y guisos para aportar cuerpo.
Un caso especialmente conocido es el líquido de los garbanzos cocidos, denominado aquafaba. En determinadas preparaciones puede batirse y utilizarse como sustituto culinario de las claras de huevo.
Si quieres utilizarla de esta forma, es importante partir de garbanzos correctamente cocinados y manipular el líquido con las mismas precauciones de higiene que cualquier alimento preparado.
No confundas este líquido con el agua utilizada únicamente para remojar legumbres secas: esa agua normalmente se desecha y las legumbres se cocinan posteriormente con agua nueva.
¿Y el agua de cocer huevos?
Si los huevos se han cocido únicamente en agua, sin productos añadidos, técnicamente puedes reutilizar el agua para algunas tareas no alimentarias una vez fría.
Sin embargo, el ahorro de una sola olla es pequeño y no existe ninguna necesidad de conservarla.
Si quieres aprovecharla, una opción sencilla es utilizarla para enjuagar previamente un recipiente o realizar una pequeña tarea de limpieza, siempre después de dejarla enfriar.
No utilices agua de cocción todavía caliente sobre superficies sensibles.
Y si algún huevo se ha roto durante la cocción y el agua contiene restos, es más práctico desecharla.
El agua sin sal puede utilizarse para algunas plantas, con condiciones
Aquí conviene ser especialmente prudente.
Si has hervido únicamente verduras en agua sin sal, aceite, mantequilla, salsas ni otros ingredientes, puedes dejar que el líquido se enfríe completamente y utilizar una pequeña cantidad para regar algunas plantas.
No lo hagas mientras esté caliente.
Tampoco utilices agua salada de pasta, patatas o verduras. La acumulación de sales puede perjudicar el suelo y las raíces.
Empieza con una cantidad pequeña y no conviertas este método en el único sistema de riego. Para las plantas, el agua corriente apropiada continúa siendo la opción más sencilla y predecible.
El agua caliente puede ayudarte con la vajilla, pero no hace milagros
Si tienes una olla con agua de cocción todavía templada y relativamente limpia, puedes aprovecharla para ablandar restos de comida en otros recipientes.
Vierte el agua únicamente cuando la temperatura sea segura para el material.
Añade unas gotas de lavavajillas y deja actuar aproximadamente 5-10 minutos.
Después lava normalmente.
No utilices agua hirviendo sobre recipientes fríos de vidrio u otros materiales susceptibles al choque térmico.
Y no guardes agua de cocción únicamente para limpiar más tarde: si ya está sucia o lleva horas a temperatura ambiente, simplemente deséchala.
No viertas agua hirviendo directamente por el fregadero
Cuando no vayas a reutilizarla, tampoco es necesario vaciar una olla recién retirada del fuego inmediatamente.
Deja que el agua pierda temperatura antes de desecharla.
Esto resulta especialmente prudente si existen tuberías, juntas o componentes de plástico sensibles al calor.
Además, manipular una olla llena de agua hirviendo aumenta innecesariamente el riesgo de quemaduras.
Si necesitas escurrir pasta o verduras inmediatamente, hazlo con cuidado utilizando un colador estable y manteniendo las manos alejadas del vapor.
Hay aguas de cocción que es mejor desechar
Reutilizar no significa guardar cualquier líquido.
Conviene desechar:
- Agua con mucha sal si pensabas utilizarla para plantas.
- Agua con grandes cantidades de grasa.
- Agua de remojo de legumbres cuando la receta indique desecharla.
- Líquidos con restos quemados.
- Agua que haya permanecido durante demasiado tiempo a temperatura ambiente.
- Cualquier líquido con olor o aspecto anormal.
Tampoco reutilices agua procedente de una cocción para un uso alimentario posterior si no puedes mantener unas condiciones adecuadas de higiene y conservación.
Un sencillo sistema para no olvidarte
Coloca una taza resistente al calor junto a la olla cuando prepares pasta.
Justo antes de escurrirla, llena la taza. Así tendrás automáticamente una pequeña reserva de agua con almidón para terminar la salsa.
Para verduras destinadas a una sopa o crema, utiliza desde el principio únicamente la cantidad de agua necesaria. De esta forma, en lugar de desechar un gran volumen, podrás incorporar buena parte del líquido directamente a la receta.
El objetivo no consiste en almacenar todas las aguas de cocción, sino en aprovecharlas cuando exista una utilidad inmediata y segura.
Errores a evitar
- Regar plantas con agua salada. La sal puede acumularse en el sustrato.
- Guardar agua caliente en un recipiente inadecuado. Deja que se enfríe de forma segura.
- Conservarla durante horas a temperatura ambiente para cocinar después. Refrigera rápidamente los líquidos que quieras guardar como alimento.
- Utilizar cualquier agua de remojo de legumbres como caldo. Sigue las instrucciones específicas de preparación de cada legumbre.
- Reutilizar por obligación. Si el líquido está muy salado, grasiento o contaminado con restos, desecharlo puede ser la opción adecuada.
Para ir más allá
Puedes reducir el desperdicio incluso antes de empezar a cocinar. Utiliza solo el volumen de agua necesario para la preparación y tapa la olla cuando corresponda para reducir pérdidas de calor.
Cuando prepares verduras para una crema, considera cocinarlas directamente en la cantidad de líquido que después utilizarás en el plato.
Y si reservas caldo de verduras o líquido de cocción para otra receta, anota la fecha en el recipiente antes de refrigerarlo o congelarlo.
Preguntas frecuentes
¿Para qué sirve el agua de cocer pasta?
Su almidón puede ayudar a ligar y ajustar la textura de las salsas. Reserva unos 150-250 ml antes de escurrir y añade solo lo necesario.
¿Puedo regar plantas con agua de cocción?
Solo considera agua completamente fría y sin sal, grasa ni otros condimentos. No todas las aguas de cocción son apropiadas para las plantas.
¿Puedo reutilizar el agua de las verduras como caldo?
Sí, puede incorporarse a sopas, cremas y guisos si se ha manipulado correctamente. Ten en cuenta que su sabor dependerá de las verduras y condimentos utilizados.
¿Hay que guardar siempre el agua de cocción?
No. Reutilizarla tiene sentido cuando existe un uso inmediato, práctico y seguro. No merece la pena conservar un líquido muy salado, grasiento o que pueda deteriorarse solo para evitar tirarlo.