De una tabla manchada y con mal olor a impecable: el truco casero para limpiarla

La tabla de cortar es uno de los utensilios que más trabajo soporta en la cocina. Sobre ella cortamos verduras, frutas, pan, quesos y, en algunos hogares, también carne o pescado. Con el tiempo pueden aparecer manchas, olores persistentes y pequeños residuos atrapados en las marcas dejadas por el cuchillo.

Cuando eso ocurre, es tentador recurrir a cualquier mezcla casera que prometa dejarla “como nueva”. Sin embargo, al tratarse de una superficie que entra directamente en contacto con alimentos, conviene distinguir entre limpiar, eliminar olores y desinfectar.

Para la limpieza cotidiana, el método más importante sigue siendo sorprendentemente sencillo: agua caliente, detergente lavavajillas y un buen cepillado, seguido de un secado completo. Para determinados olores y manchas superficiales, el bicarbonato puede utilizarse como complemento.

Primero: identifica el material de tu tabla

No todas las tablas pueden limpiarse de la misma manera.

Una tabla de plástico resistente puede admitir métodos que resultarían perjudiciales para una de madera o bambú.

Las tablas de madera no deben permanecer sumergidas durante mucho tiempo ni guardarse húmedas. El exceso de agua puede favorecer deformaciones, grietas y deterioro.

Tampoco debes asumir que cualquier tabla puede meterse en el lavavajillas. Comprueba las instrucciones del fabricante.

El truco para una tabla con mal olor

Después de lavarla correctamente, si todavía queda un olor persistente, puedes probar con bicarbonato de sodio y una pequeña cantidad de agua.

Espolvorea bicarbonato sobre la superficie húmeda y forma una pasta ligera. Extiéndela por las zonas problemáticas y frota suavemente con una esponja o cepillo apropiado.

Después aclara muy bien y seca.

El bicarbonato puede ayudar con ciertos olores y suciedad superficial, pero no convierte una tabla contaminada en una superficie desinfectada.

Ese detalle es especialmente importante después de cortar alimentos crudos de origen animal.

Paso 1: retira inmediatamente los restos

Cuanto más tiempo permanezcan los residuos sobre la tabla, más difícil puede resultar eliminar manchas y olores.

Después de utilizarla, retira los restos sólidos y llévala a lavar.

Presta atención a los surcos producidos por los cuchillos. En ellos pueden quedar atrapadas pequeñas partículas.

Paso 2: utiliza detergente y fricción

Aplica detergente lavavajillas y frota toda la tabla con una esponja o cepillo limpio.

No limpies únicamente el centro.

Trabaja también los bordes, las esquinas, la parte posterior y, si existe, la ranura destinada a recoger líquidos.

La combinación de detergente, agua y fricción ayuda a retirar grasa y residuos adheridos.

Paso 3: aclara completamente

Retira todo el jabón y la suciedad desprendida.

Si utilizas una tabla de madera, evita dejarla abandonada dentro de un fregadero lleno de agua.

Lávala y aclárala sin prolongar innecesariamente el contacto con el agua.

Paso 4: seca inmediatamente

Este paso es especialmente importante en madera.

Pasa un paño limpio o papel de cocina para retirar el exceso de agua y después deja que la tabla termine de secarse completamente al aire.

Siempre que sea posible, colócala verticalmente o de manera que el aire pueda circular por ambas caras.

Dejar una tabla húmeda apoyada completamente sobre la encimera puede hacer que una de sus superficies tarde mucho más en secarse.

¿Qué hacer con las manchas?

Una mancha no significa necesariamente que la tabla continúe sucia.

Tomate, remolacha, frutos rojos, especias y otros alimentos pueden dejar pigmentos difíciles de eliminar.

Empieza siempre con detergente.

Si la mancha permanece y el material lo permite, prueba una pequeña cantidad de bicarbonato con agua y frota suavemente.

En tablas de plástico claro, las manchas muy persistentes pueden requerir un tratamiento diferente recomendado por el fabricante.

No utilices abrasivos agresivos indiscriminadamente, ya que pueden aumentar las rayaduras.

El popular truco del limón y la sal

Probablemente hayas visto el método de cortar un limón por la mitad, cubrir la tabla con sal y utilizar el limón para frotarla.

Puede ayudar a desprender algunos residuos superficiales y aportar temporalmente un aroma cítrico, pero no debería sustituir un lavado correcto con detergente.

Además, los ácidos no son compatibles con todos los materiales y acabados.

Si quieres utilizar limón sobre una tabla de madera, comprueba primero las recomendaciones de su fabricante.

Y no confundas que la tabla huela a limón con que haya quedado desinfectada.

¿Bicarbonato y vinagre juntos?

La espectacular espuma que producen puede hacer pensar que la mezcla tiene un extraordinario poder limpiador.

En realidad, el bicarbonato y el vinagre reaccionan entre sí y neutralizan buena parte de sus propiedades ácido-base.

Para este trabajo no necesitas una reacción efervescente.

Resulta más lógico utilizar detergente para retirar grasa y residuos, y bicarbonato por separado si necesitas tratar determinados olores.

Después de cortar carne, pollo o pescado crudos

Aquí la higiene debe ser más rigurosa.

Evita que los jugos de alimentos crudos entren en contacto con verduras, pan u otros productos que vayas a consumir sin cocción posterior.

Lava la tabla inmediatamente después de utilizarla y sigue las recomendaciones de seguridad alimentaria y del fabricante para su higienización.

Si empleas un desinfectante apto para superficies en contacto con alimentos, respeta exactamente la concentración, el tiempo de contacto y las instrucciones de aclarado indicadas en su etiqueta.

Nunca improvises concentraciones de lejía ni mezcles desinfectantes con otros productos.

Nunca mezcles lejía y vinagre

Es una regla esencial en cualquier limpieza doméstica.

La lejía nunca debe mezclarse con vinagre, limón, amoniaco ni otros limpiadores.

Algunas combinaciones pueden liberar gases peligrosos.

Si has utilizado previamente otro producto, aclara completamente la tabla antes de aplicar un tratamiento distinto permitido por el fabricante.

¿Madera o plástico: cuál es más higiénica?

Ambos materiales pueden utilizarse de forma segura cuando se mantienen correctamente.

Más importante que obsesionarse con un único material es conservar la tabla limpia, seca y en buen estado.

Una tabla llena de surcos profundos, grietas o zonas deterioradas puede resultar cada vez más difícil de limpiar correctamente.

Cuando llegue a ese punto, considera reemplazarla.

Una buena idea: utiliza tablas diferentes

Separar determinadas tareas puede facilitar mucho la prevención de contaminación cruzada.

Por ejemplo, puedes reservar una tabla para alimentos crudos de origen animal y otra para frutas, verduras, pan y alimentos listos para comer.

Así reduces las posibilidades de transferir microorganismos de un alimento a otro.

Lo importante es mantener una rutina coherente y limpiar cada tabla después de utilizarla.

¿Puede ir al lavavajillas?

Depende completamente del material.

Muchas tablas de plástico están diseñadas para tolerarlo, pero debes comprobar las instrucciones del fabricante.

Con las tablas de madera y bambú la situación es diferente. El calor, la humedad prolongada y los ciclos repetidos pueden deformarlas, agrietarlas o afectar sus uniones.

Por eso no metas automáticamente una tabla de madera en el lavavajillas.

Cómo cuidar una tabla de madera

Además de lavarla correctamente, determinadas tablas de madera necesitan mantenimiento periódico.

Cuando la superficie empieza a verse seca, algunos fabricantes recomiendan aplicar un aceite mineral de grado alimentario específicamente indicado para tablas de cortar.

No utilices cualquier aceite de cocina que encuentres en la despensa. Algunos aceites vegetales pueden oxidarse y desarrollar olores desagradables con el tiempo.

Sigue siempre las instrucciones correspondientes a tu tabla.

¿Por qué sigue oliendo aunque la hayas lavado?

Cebolla, ajo, pescado y otros alimentos pueden dejar compuestos aromáticos persistentes.

Si la tabla ya está correctamente limpia, puedes probar el tratamiento con bicarbonato para reducir el olor.

Pero si el olor es extraño, rancio o aparece acompañado de zonas oscuras, grietas profundas o signos de deterioro, investiga la causa.

Una tabla muy dañada no merece ser conservada indefinidamente solo porque todavía sea posible disimular su olor.

Cuándo debes reemplazarla

Una tabla no dura para siempre.

Los cortes superficiales son normales, pero llega un momento en que los surcos se hacen tan profundos que la limpieza resulta complicada.

También conviene plantearse sustituirla cuando aparezcan grietas importantes, deformaciones severas, partes desprendidas, moho o daños que no puedan limpiarse correctamente.

Limpiar no puede reparar una superficie deteriorada.

El hábito que evita la mayoría de los problemas

No dejes la tabla sucia hasta después de comer.

Los restos tienen tiempo para secarse, los líquidos penetran en las irregularidades y los olores pueden hacerse más persistentes.

Una vez terminado el corte, limpia la tabla cuanto antes.

Después déjala secar completamente antes de guardarla.

Esta rutina sencilla suele resultar más efectiva que intentar recuperar periódicamente una tabla que lleva semanas acumulando suciedad.

Errores frecuentes

Los problemas aparecen cuando se intenta limpiar más agresivamente de lo necesario: dejar una tabla de madera sumergida durante horas, utilizar productos no aptos para superficies alimentarias, guardar la tabla todavía húmeda, confiar únicamente en limón para higienizarla o mezclar diferentes limpiadores.

También es un error continuar utilizando indefinidamente una tabla llena de grietas y surcos profundos.

Una buena limpieza empieza utilizando el método apropiado para el material y para el tipo de alimento que ha estado sobre la superficie.

El método completo para recuperarla

Si tu tabla está manchada y desprende olor, empieza eliminando los residuos y lavándola cuidadosamente con detergente.

Aclara.

Si continúa existiendo un olor residual y el material lo permite, aplica bicarbonato con un poco de agua y frota suavemente.

Vuelve a aclarar y seca completamente.

Si ha estado en contacto con alimentos crudos que requieren medidas adicionales de higiene, utiliza únicamente un método de desinfección apropiado para superficies alimentarias y sigue sus instrucciones.

En una tabla de madera, evita siempre el remojo prolongado.

Para ir más allá

Haz una pequeña revisión de todas las tablas que tienes en la cocina.

Pasa los dedos por la superficie cuando estén limpias y secas. Observa los surcos, las esquinas y los bordes.

Quizá descubras que una simplemente necesita una limpieza profunda, mientras otra está tan deteriorada que ha llegado el momento de reemplazarla.

Después establece una rutina muy sencilla: lavar inmediatamente, aclarar bien y dejar secar con ventilación por ambas caras.

Para olores ocasionales, guarda el bicarbonato como recurso complementario.

El verdadero truco para pasar de una tabla manchada y con mal olor a una mucho más limpia no consiste en cubrirla con ingredientes al azar. Consiste en eliminar los restos cuanto antes, utilizar detergente y fricción, tratar los olores solo cuando sea necesario y mantener la tabla completamente seca entre usos.

Así no solo conseguirás que tenga mejor aspecto y olor: también mantendrás en mejores condiciones una de las superficies que más contacto tiene con los alimentos de toda la cocina.

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